Historia

Facón Grande el héroe de la Patagonia Rebelde

Facón Grande el héroe de la Patagonia Rebelde

Facón Grande el héroe de la Patagonia Rebelde

 

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El documental muestra aspectos totalmente desconocidos de Facón Grande

 

Biografía

Nacido en Entre Ríos, llegó a Santa Cruz entre 1904 y 1905 para trabajar en las salinas de Cabo Blanco y al poco tiempo comienzo a trabajar como peón en la estancia San José en inmediaciones de Puerto Deseado. No había ido a la escuela y apenas sabía leer y escribir. Nunca perdió su acento de gaucho entrerriano.

Osvaldo Bayer, basándose en reportajes, lo definió como un «hombre callado y cumplidor, carrero de oficio, esos que de un chiflido hacen obedecer a ocho caballos percherones». Font tenía carros y chatas en Cañadón León (actualmente la localidad de Gobernador Gregores) y se encargaba de transportar cueros y lanas. Según Bayer, Facón Grande era:

«el carrero más respetado por todos los estancieros debido a su honestidad y a su generosidad. Jamás se fijaba en los pesos y era mano abierta para con los que venían a pedirle ayuda. Todos los testimonios reunidos son acordes en afirmar que era un buen hombre, recto, humilde, de una palabra (...) ninguno de los viejos pobladores de Deseado que lo conocieron dudan al calificarlo de persona decente y querida. Vestía como un paisano, bombachas y alpargatas, ancha faja negra a la cintura con facón cruzado, que nunca usó contra los hombres...».

Según Victorino Basterra, Font era nacido en el Montiel y llegó a la Patagonia para cuartear las zorras en las salinas de Cabo Blanco, al norte de Puerto Deseado. Luego se independizó y al tiempo tenía cinco chatas de caballos con las cuales hacía el recorrido desde Puerto San Julián a los lagos Posadas y Pueyrredón. Era muy habilidoso en la doma y en construir casas con chapas. Era considerado por los rurales como «el mejor domador de toda la zona». La gente se reunía cuando sabía que él iba a domar un caballo.

Años más tarde se estableció en Bahía Laura. Pero el comisario Lopresti lo obligó a desalojar además de llevarlo preso, golpearlo y destruirle el rancho que había construido. Por sus condiciones personales, y después de acusaciones en la Justicia y que lo hicieron recelar de los grandes propietarios, fue elegido por los obreros de las estancias para que los representara en sus reclamos ante la patronal.

Durante la huelga obrera de 1921, Facón Grande coordinó los movimientos de la zona entre Puerto Deseado y Colonia Las Heras, de la línea del Ferrocarril Patagónico. El día 21 de diciembre se produjo un enfrentamiento armado entre el Ejército Argentino al mando del teniente coronel Héctor Varela y los huelguistas dirigidos por Font en las inmediaciones de la estación Tehuelches. Allí fallecieron un militar y tres huelguistas. Mientras que otro militar y varios obreros fueron heridos. Los huelguistas sobrevivientes de aquella batalla fueron trasladados a la estación Jaramillo, donde poco después la gran mayoría serían fusilados, entre ellos Facón Grande. A partir de estos sucesos es que se considera un sitio histórico a la estación Jaramillo.

José Font creía que se trataba de la policía y no del ejército hasta después del combate de la estación Tehuelches cuando vio la gorra de Fischer, el soldado favorito de Varela. Allí aparece el gerente de La Anónima, Mario Mesa, a parlamentar con Font, y les promete respetar la vida de todos y acceder a sus demandas si se rinden. Luego de una asamblea, los obreros deciden entregarse. A Font un grupo de soldados lo aisló junto al galpón de la estación. Pese a que pidió hablar con Varela él no lo recibió y lo mantuvo custodiado. Font le grita a los soldados que le digan a Varela que él lo desafía a pelear con cuchillo, «para ver si es tan valiente como dicen». Varela lo hace atar de pies y manos. Luego, dos suboficiales y dos soldados lo cargaron a la caja de un camión y se lo llevaron al sitio conocido como el Cañadón de la Muerte, que se ubicaría probablemente a unos 3000 metros de la estación Jaramillo. Le quitaron las ataduras, su facón, su chambergo y la faja negra de su cintura y le pusieron unos bretes. Allí fue fusilado el 22 de diciembre.3​ Varela también fusiló a Leiva y al menos a medio centenar de obreros.

Según el capitán Ayala Torales, Facón Grande fue enterrado en Jaramillo. Los policías en Puerto Deseado se repartieron las ropas y el dinero. El entonces comisario del pueblo, Albornoz, se quedó con 4 chatas y 80 caballos.

 

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El genocidio del pueblo Selk’nam

El genocidio del pueblo Selk'nam

25 de noviembre, Día del Genocidio del pueblo Selk'nam

El 25 de noviembre de 1886 el ejército argentino provocó la mayor matanza de selk’nam de la que se tiene oficialmente registro. El responsable fue Ramón Lista, oficial mayor de Marina, que comandaba una expedición militar de exploración de la isla Grande de Tierra del Fuego, compuesta por veinticinco soldados al mando del capitán de caballería José Marzano y en la que también participaban como personal auxiliar el sacerdote italiano Giuseppe Fagnano y el cirujano belga Polidoro Segers.

Se embarcaron en el cúter Santa Cruz y llegaron a bahía San Sebastián, al norte de la isla, en la costa atlántica. No había transcurrido más que un día desde el desembarco de los animales, suministros, armas y municiones, cuando el grupo de exploradores se enfrentó violentamente con los selk’nam. Tras recibir los soldados una lluvia de flechas, Lista ordenó una mortífera descarga de fusilería. A partir de entonces se desata una guerra sin cuartel, una carnicería que provocó entre los selk’nam veintiocho muertos y un elevado número de heridos y prisioneros, la mayoría mujeres y niñas. Los militares no sufrieron ninguna baja.

Contamos con tres testigos directos de la matanza, el propio Ramón Lista, el cura Giuseppe Fagnano y el médico Polidoro Segers.

 

Selk'nam prisioneros en Ushuaia, 1896


Ramón Lista en el libro "Viaje al país de los Ona"

“Por lo que respecta a los indios onas que habitan la isla, tengo el sentimiento de comunicarle que me he visto en el caso de tener que librar un combate con diez hombres contra cuarenta salvajes, que ocultos en un espeso matorral, antes de entregarse y a pesar de nuestras demostraciones pacíficas, pretendieron rechazarnos lanzándonos enjambres de flechas. Los hice cargar a sable, el capitán a la cabeza, y cuando ya daba por terminada la lucha, este intrépido oficial cayó herido de un flechazo en la cabeza con lo cual el ataque se detuvo un instante; pero enseguida mandé cargar nuevamente y después de un ligero tiroteo el matorral fue desalojado quedando en nuestro poder algunos prisioneros, mujeres en su mayor parte, y sobre las zarzas veintiséis indios muertos, todos ellos de estatura gigantesca y de una corpulencia solo comparable a la de los patagones o tehuelches”.

Giuseppe Fagnano en "Il Bollettino Salesiano"

“El oficial trató de hacerse entender por los pobres salvajes a través de gestos, invitándoles a rendirse, ofreciéndoles carne y galleta. Parece, sin embargo, que nada comprendieron de su mímica amistosa ya que, en lugar de responder, lanzaron sus flechas contra los militares sin, no obstante, producir daño de ningún tipo. Luego de más de media hora de vanas tentativas y después de haberles inútilmente ordenado la rendición, el jefe ordenó desalojarlos de sus escondites, y a tal efecto se comenzó a abrir fuego donde quiera que apareciera una piel de guanaco. Cada detonación era seguida de un grito de los indios, entre cuyas voces se distinguía una que, dominando al resto, animaba a los demás a mantener la resistencia. Eso indujo al comandante a ordenar una carga con sables, con la esperanza de poder, de esta manera, cogerlos a todos con el menor derramamiento de sangre. El intrépido capitán Marzano se movió adelante y se lanzó hacia la mata negra desde donde continuaba saliendo aquella voz provocadora. Sin embargo, al llegar a una brevísima distancia del enemigo invisible fue herido en la sien izquierda por una flecha de madera, y cayó al suelo sin sentido, perdiendo sangre de la herida. En este punto ya no fue posible contener la animosidad de los soldados, anhelantes de vengar la herida de su valeroso capitán; se lanzaron rabiosamente contra los indios y mataron a todos cuantos osaron aún oponer resistencia. Hicieron trece prisioneros, incluidos dos niños”.

En este testimonio Fagnano simplemente lamenta las muertes, lo que no le impedirá continuar acompañando a la expedición militar. La realidad dista mucho de cómo la historiografía salesiana narró tiempo después este violento encuentro, y donde el sacerdote poco menos que expone su pecho desnudo a las balas de los soldados para evitar la matanza de indígenas.

 

Arqueros selk'nam en Tierra del Fuego 1902

 

Polidoro Segers en el libro "Hábitos y costumbres de los indios onas"

“A nuestros pies y sobre la orilla del mar entre manchones negros, que revelaban las crestas de las restingas que emergían de las aguas unos veinte individuos se entregaban tranquilamente a la pesca de mariscos sin habernos apercibido cuando los ladridos de los perros llamando su atención les descubrió nuestra presencia en el vértice del cabo Peñas, al lado de sus viviendas. La alarma que esto les produjo fue espantosa y los pobres indios que se encontraban a una larga distancia en la playa que la marea al bajar había dejado al descubierto, no sabían de qué lado escapar. La confusión aumentó más cuando vieron que los soldados de la expedición bajaban a toda prisa en su persecución la cuesta de la barranca en la cual estábamos.

Triste espectáculo era para mí ver a estos pobres indios inofensivos correr de un lado a otro perseguidos como fieras por los que representaban la civilización. Como los indios huían en varias direcciones y los soldados temían que escapase su presa, empezaron a hacer fuego sobre ellos hiriendo a algunos, pero logrando sustraerse todos a sus perseguidores, menos uno que, rodeado por cinco soldados armados de Remington no pudo adelantar. El infeliz se había atrincherado detrás de una enorme peña y se defendía valerosamente del fuego que le hacían aquellos. A cada descarga salía de su fortaleza improvisada y lanzaba una flecha en dirección de sus verdugos.

La huida le era imposible: a retaguardia tenía el mar que subía ya y delante cinco bocas que vomitaban fuego. En fin, acribillado por las balas cayó el valiente y por conmiseración fue ultimado con un tiro de revólver en el oído derecho. El reverendo padre Fagnano, capellán de la expedición, y yo nos habíamos hecho cargo de las criaturas abandonadas y mientras seguía el tiroteo no podíamos menos que protestar indignados contra este acto de crueldad que pasaba a nuestra vista, sin que pudiéramos impedirlo. Como avanzara la noche y deseosos de dar sepultura al cadáver, conseguimos del jefe de la expedición que lo arrastraran hasta el lugar donde nos encontrábamos.

Era un lindo joven, a lo más dieciocho años de edad, robusto y bien formado. Una melena tupida y negra cubría con sus enmarañados mechones su cuero cabelludo diferenciándose de los demás indios en que no usaba tonsura y su cabeza estaba cubierta de pelo. Veinte y ocho balas Remington habían acribillado el cuerpo de este valiente, más la bala de gracia (…) Al poco rato volvía una expedición de soldados que fue en persecución de los fugitivos, trayendo catorce individuos de chusma, pues los hombres aunque heridos se habían escapado: se aseguraron mujeres y niños en el cepo de campaña atándolos unos a otros por los pies con una larga cuerda, se pusieron centinelas a la vista y tratamos de conciliar el sueño. Era en vano, toda la noche las pobres chinas no cesaron en sus lamentaciones...”

La aparente indignación de Segers por los asesinatos no le impidió, sin embargo, quedarse con la piel del joven selk’nam como un bonito recuerdo etnográfico: “Disequé todas estas partes así como la cabellera que, preparadas para conservación, excitaron mucho la curiosidad a mi regreso a Buenos Aires”. Además, en un claro ejemplo de adopción forzada de servidumbre, el cirujano belga secuestrará poco después a un matrimonio haush que se llevó de regreso a Buenos Aires para emplearlos en el servicio doméstico.

 

Leiwecen y su hija, 1923

 

Lamentablemente no tenemos ningún relato de los selk’nam sobre el trágico acontecimiento, aunque la memoria de ese pueblo registró la matanza gracias a los supervivientes y a la transmisión de la historia oral. El balance de víctimas provocadas por los soldados del ejército argentino en esta expedición fue aterrador, ascendiendo a treinta muertos entre hombres, mujeres y niños, asesinados a balazos, ensartados con las bayonetas, ultimados a golpe de sable. Los quince prisioneros, la mayoría mujeres y niños, fueron colocados en el cepo de campaña, atándolos unos a otros por los pies con una larga cuerda y, como hemos visto, llevados a Buenos Aires, desconociéndose su destino final. Ninguna baja entre los militares atacantes, que hicieron valer su potencia de fuego.

El día que ocurrió la matanza, el 25 de noviembre, ha sido declarado desde 1992 “Día del Indígena Fueguino”, aunque se estudia actualmente una propuesta para cambiar el nombre a “Día del Genocidio Selk’nam”, para recordar la terrible masacre provocada por los militares argentinos contra este pueblo legendario.

 

Cazadores Selk'nam en marcha, óleo de Furlong

Fuente: https://reydelapatagonia.blogspot.com/2020/11/25-de-noviembre-dia-del-genocidio-del.html?spref=fb&m=1&fbclid=IwAR12nBJUCHwLoBtgxN5YEZkaBNZ97xFO618ereim2zJ1l1vQfYkoYFOPRMA

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La masacre de los selk’nam

La masacre de los selk'nam

Perpetradores: Menendez y Brawn

 


Patagonia Argentina - Chilena - Chilena - Argentina

Braun Menéndez: responsabilidad en la matanza Selk'nam
Sus estancias abarcaron terrenos ocupados históricamente por esta etnia, lo que produjo violentos enfrentamientos con los habitantes originarios de la zona.

Las estancias de los Braun y los Menéndez se conformaron al alero de la política de colonización ganadera. Sin embargo, las tierras habían estado ocupadas históricamente por los selk'nam, lo que ocasionó violentos enfrentamientos.

La Comisión de Verdad Histórica y Nuevo Trato se refiere a las prácticas implementadas por los estancieros:

"La Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego impulsó una práctica más agresiva en contra de los indígenas, ya que al ocupar la totalidad del territorio que le correspondía, y que era el centro del territorio selk'nam, introdujo ganado, erigió centros de trabajo y cercó los campos, restringiendo la movilidad de los pobladores originales" (2008: 495).

Los selk'nam cazaban guanacos, pero las estancias desplazaron esta especie a zonas más australes para destinar los pastos a la crianza de ovejas.

La desaparición de su presa tradicional y la ocupación de sus cotos de caza motivaron a este pueblo a matar los animales de los estancieros, a los que llamaron "guanaco blanco".

Para expulsarlos de las estancias, los ganaderos implementaron estrategias agresivas contra los Selk'nam:

"Para resguardar su propiedad la Sociedad contrató personal especializado para vigilar a los indígenas imponiendo una verdadera política de guerra (…) Este personal junto al de otras estancias sería el responsable directo, al menos, de la muerte de más de 300 indígenas" (Informe de la Comisión de Verdad Histórica, 2008: 496).

Por orden de Menéndez, el administrador de la "Primera Argentina" Alexander Mc Lenan fue unos de los principales ejecutores de estas matanzas.

Para detener las muertes, en 1894 el sacerdote José Fagnano propuso a la Sociedad Explotadora pagar por cada indígena enviado a la misión salesiana de la Isla Dawson, pero la iniciativa no logró los resultados esperados.

Muchos selk'nam se resistieron a ir a la misión porque significaba dejar sus tierras, y continuaron los castigos, persecuciones y expediciones para aniquilarlos.

Los que aceptaron trasladarse no corrieron mejor suerte, pues este grupo fue mermado por sífilis, tuberculosis y otras enfermedades que adquirieron dentro del recinto religioso.

En 1896 un grupo de selk´nam arrestado por robar ganado mató a sus guardias. Mauricio Braun usó este hecho para solicitar protección militar y reanudar las persecuciones.

Denuncias de diarios de Punta Arenas ilustraron esta acción:

"La voz pública acusa en Punta Arenas a aquellos empleados i sus jefes superiores de crueles e innecesarias vejaciones cometidas en las personas de los indios i de sus mujeres i aún de odiosos asesinatos perpetrados con refinada maldad para evitar aquellas depredaciones" (Borrero, 2001: 727).


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Cultura del pueblo Mapuche en Argentina.

[caption id="attachment_2348" align="alignnone" width="710"]Caleta Olivia Caleta Olivia[/caption]

Cultura del pueblo Mapuche en Argentina.

Pueblos originarios de Argentina

 

 

Son los llamados araucanos, pueblo originario del territorio chileno, con amplísima difusión en la Argentina, donde llegaron a ocupar en tiempos de la colonia todo el territorio pampeano y el norte de la Patagonia hasta parte de Santa Cruz, hace unos 250 años.
Con esta inmigración, se dio un proceso de adaptación y fusión con los pueblos anteriores a su llegada, sin grandes violencias y desplazamientos.
Se resistieron a la penetración blanca y fueron desplazados hacia el sur donde ofrecieron una tenaz resistencia y comenzaron su migración hacia la Patagonia y la Pampa.
Su estatura era más bien baja y su cabeza corta. En Chile eran agricultores, cultivando maíz, papas, ají, porotos, zapallo, y otros vegetales. Al pasar a Argentina se dedicaron a la caza y a la recolección, adaptándose a la vida nómade.
Usaron el toldo como vivienda que transportaban de un lugar a otro. Dormían sobre pieles de oveja.
Vestían con chiripa y poncho, y como calzado utilizaban botas de cuero. Las mujeres se peinaban el cabello con dos largas trenzas y se cubrían con mantas sujetas a la cintura con fajas de colores. Usaron como armas las boleadoras, que llevaban atadas a la cintura, la honda y la lanza de varios metros, que en la época de la conquista usaron contra los españoles, especialmente después de la adopción del caballo. Como armas defensivas usaban una especie de casco de cuero crudo y un escudo.
Su lengua, el mapuche, se fue imponiendo a todos los indígenas anteriores.
Eran polígamos: tenían tantas esposas como se lo permitía su riqueza.
Si bien la idea de un ser supremo es consecuencia de la influencia cristiana, todavía hoy se celebran entre ellos maravillosas fiestas paganas que respetan sus antiguas creencias, las más famosas de las cuales es el NGUILLATUN, donde se dirigen plegarias a NGUENECHEN, el señor de los indios, "dueño de la gente". En su desarrollo realizan varios ritos entre los que sobresale la danza llamada loncomeo, una de cuyas figuras era el choique purrún, en la que los bailarines imitan los movimientos del ñandú o choique.
Y es fundamental la intervención de la machi, shaman, médica o hechicera.
Era la encargada de curar, mediante hierbas y otros procedimientos como, ensalmos, sacrificios de animales y bocanadas de humo. La ceremonia se efectúa en un mallín o vallecito y allí se levanta el altar o rehue formado por cañas o mástiles plantados.
Los colores del nguillatún son el azul (el cielo) y el amarillo (el sol), y a veces el verde (los pastos).

 

 

Instrumentos musicales indígenas

 

El clima inhóspito, la lucha para sobrevivir en esta tierra cubierta durante meses por la nieve le dan a la música un carácter lastimero donde la pasión es cruel y desesperanzada. La pasión no puede expresarse ni siquiera a través del llanto o del amor. De allí la sencillez de sus instrumentos musicales y que la música araucana sea queja y angustia.
Utilizaban varios instrumentos musicales: cultrun, trutruca, pifilca, ñorquin, quinquer-cahue, o violín araucano.

  • Cultrun:
    Tambor hecho de un trozo de madera ahuecado, con forma de timbal. Está forrado con un cuero de caballo bien estirado. Se lo percute con un solo palillo cuyo mango esta adornado con hilos de colores.
  • Pifilca:
    Es una flauta construida de madera o hueso. Es corta y suena como un pito. Se la lleva colgada del cuello mediante un cordón. En la actualidad se la construye con tallas de madera de unos 30 a 40 centímetros. El tubo está cerrado en su extremo inferior y se lo perfora más o menos hasta la mitad de su largo. Emite un solo sonido y esta única nota se mezcla en el curso del canto o del conjunto instrumental sin relación rítmica ni tonal con el resto.
  • Trutruca:
    Este instrumento está construido con una caña colihue, de hasta unos cuatro metros de largo. Se la parte por la mitad para ahuecarla. Luego se juntan las dos mitades con un hilo de lana y se la forra con tripa de caballo. En uno de sus extremos se coloca un cuerno de vaca y por el otro se sopla. Su sonido parece el bramido de un toro y representa la fuerza de la tribu. Es uno de los dos tipos de grandes aerófonos existentes en nuestro país (el otro es el erke).
  • Quinquercahue:
    Tenía dos arcos (generalmente de huesos de costilla) complementado por una sola cuerda de crines de caballo. Se tocaba apoyando, con la mano izquierda, uno de los arcos - cuerpo del violín - contra los dientes incisivos superiores. La mano derecha, a su vez, pasaba la cuerda del otro arco - arco del violín - sobre la anterior, produciendo un sonido quejumbroso y doliente.
  • Lolquin:
    De hechura similar a la trutruca pero mucho más pequeño. Se fabrica con la caña del cardo llamado troltro.
  • Clarín:
    El clarín fue conocido a la llegada de los españoles y fue imitado con materiales de la zona (cañas vegetales y madera).
  • Cullcull:
    Era la corneta con la que se daba la señal de alarma ante una emergencia y también en la guerra. Se hacia con cuernos de buey.
  • Pinquilhue:
    El pinquilhue, de épocas remotas, era algo así como un flautín fabricado con el tallo del colihue.
  • Caquel cultrum:
    Es un tambor confeccionado con el corte hueco de un tronco.
  • Huala:
    Especie de maraca, es una calabaza que suena con pepas secas y a veces piedrecillas.
  • Cada Cada:
    Son grandes conchas que suenan frotando sus bordes y caras rayadas. Varios de los instrumentos
    citados suelen ejecutarse, todos a la vez, durante las ceremonias rituales: nguillatunes y machitunes.

 

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Tehuelches, reseña y fotos

Tehuelches, "Danzas con fotos"

Parte de la enorme historia perdida del pueblo Tehuelche.

 

El Parque Nacional Los Glaciares, frente a uno de los paisajes más imponentes de la Naturaleza, declarado patrimonio mundial por la UNESCO, ofreció a los turistas nacionales y extranjeros un  atractivo adicional. Durante veinte días, en el complejo Nativos de la Patagonia se pudo apreciar el montaje de  una muestra fotográfica   referida a la historia  de una de las comunidades indígenas de la Patagonia.

El propósito de la misma fue y es articular la cultura con el desarrollo sustentable del turismo y  vincular a través de antiguas fotografías el pasado con el presente de los pueblos originarios, rescatando la identidad  de un país con diversidad multiétnica y cultural.

La muestra fotográfica   Tehuelches, Danza con fotos  , que cuenta con los auspicios del Ministerio de Cultura de la Nación, -a través del programa Pueblos Indígenas - el Ministerio de Turismo de la Nación, la Administración General de Parques Nacionales y el apoyo de la empresa Nativos de la Patagonia, está  basada en una selección de imágenes del libro homónimo, realizado por el periodista santacruceño Osvaldo Mondelo, con asesoramiento del prestigioso investigador Abel Alexander y prólogo de la doctora Alicia Kirchner.

Como se recordará se trata de imágenes registradas entre fines del siglo 19 y principios del 20 por fotógrafos profesionales y amateurs. Se destacan los trabajos de Peter H. Adams,  Adolfo Alexander, Rafael Castro y Ordóñez, Alberto De Agostini,  Charles W Furlong, Esteban Gonnet, Frank Gooderham, Bartolomé Loudet, Julio Koslowsky, Federico Kohlmann, Charles Lane,  Meeks y Kelsey; Güerico Murgia, Nicola Opakac, Walter Roíl,  Carlos Spegazzini, Jessie Tarbox Beals,  como así también retratos de tehuelches y vistas  realizadas por fotógrafos no identificados.

Al  registro fotográfico debe agregarse la cuidadosa selección de las crónicas de los viajeros, recortes de publicaciones de la época (Caras y Caretas, El Mosquito, El Nacional, El Progreso) y el testimonio de gobernantes, misioneros, exploradores, militares, científicos, periodistas y fotógrafos que sirven de  marco referencial a los procesos históricos que sufrieron los pueblos originarios.

 

La inauguración se produjo 21 de marzo en el complejo turístico "Nativos de la Patagonia", en el Glaciar Perito Moreno.   La muestra  pudo visitarse hasta el pasado 10 de abril en forma libre y gratuita por los visitantes que ingresaron al Parque Nacional  Los Glaciares.


LA FOTOGRAFÍA DESPIERTA LA MEMORIA

Cuando en pleno siglo XXI se lee en los diarios o en las páginas  de internet que aún se sigue reprimiendo por la fuerza  a los pueblos originarios por defender la tierra, por resistir el desalojo, la tala o contaminación  de su espacio físico y espiritual -la selva, los ríos, el monte-, uno no puede de dejar de pensar que las venas de América siguen abiertas.

La historia se repite como una tragedia por intereses agropecuarios, petroleros o mineros. Así ocurrió en Tierra del Fuego y Santa Cruz a fines del siglo XIX y así continúa hoy con nuevas estrategias de usurpación en otras regiones de nuestro continente.

Al "indio" como si fuera una cosa y no una persona, se lo desplaza, se lo corre y si molesta, se lo reprime. La información sale un día con titulares en la crónica policial y luego desaparece, como desaparecieron el oro y la plata de sus antepasados  en las manos de Cortez o Pizarro. Los tehuelches no tenían piedras preciosas, pero perdieron en cien años en contacto con la civilización de la oveja y la prosperidad de los terratenientes ganaderos, el tesoro de su libertad.

Hombres, mujeres y niños tehuelches padecieron el despojo de la tierra, el alcoholismo, las enfermedades, la intolerancia religiosa, la discriminación cultural introducida por la colonización europea y criolla a la Patagonia.

Por eso siempre resulta insuficiente y necesario a la vez, generar espacios de análisis, debate y reflexión sobre el pasado y el presente.

La imagen  en todos sus soportes: dibujo, pintura, caricatura, historietas, fotografía, cine fue empleada durante mucho tiempo para denostar, ridiculizar o estigmatizar al indígena, como un representante de la incultura, el atraso y la ignorancia. Pero también es posible generar a partir de la imagen el conocimiento, respeto, conciencia por la historia, la cultura y los derechos de los pueblos originarios.

Como en el cuento de Lewis Carroll, "A través del  espejo y lo que Alicia encontró allí" la muestra fotográfica opera como un doble espejo. Observamos "al otro", pero al mismo tiempo nos vemos  a nosotros. Somos parte de una sociedad que aún mantiene vigente el discurso cultural justificador del eje civilización y barbarie. El espejo nos devuelve los prejuicios, la desmemoria y la invisibilidad que llega a nuestros días.

La muestra Tehuelches, danza con fotos  propone  resignificar el documento fotográfico y a partir de él una nueva mirada sobre "el mito pionero" en el extremo sur de la Argentina y Chile.

.Ahí están las imágenes con la mirada de los excluidos.  Muchos de sus descendientes  siguen formando parte de los sectores más humildes y marginados de nuestro país, y la mano de obra barata de Latinoamérica.

El arte, en este caso la fotografía antigua,  hace accesible lo incomprensible del hombre y pone una vez más en vigencia la máxima: ¡Una imagen cuenta más que mil palabras!

Entonces, con la potencialidad creativa de una lejana melodía, la fotografía nos despierta la memoria.