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Turismo en Caleta Olivia

Atardecer junto al mar en la costanera de Caleta Olivia

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Las mejores fotografias del atardecer junto al mar en la costanera de Caleta Olivia


 

 


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Imagenes del amanecer en la costanera de Caleta Olivia

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Imágenes del amanecer en la costanera de Caleta Olivia



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Imágenes panorámicas desde el mirador sur de la ciudad

Imágenes panorámicas desde el mirador sur de la ciudad

Parte 2

Caleta Olivia

 

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Imágenes panorámicas desde el mirador sur de la ciudad - Parte 2

 


 

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Paseo por el centro y costanera de caleta

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Caleta Olivia

Paseo por el centro y costanera de caleta

 

 

 

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Paseo por el centro y costanera de caleta

 

 

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El Gorosito

Las mejores imagenes de Caleta Olivia

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La masacre de los selk’nam

La masacre de los selk'nam

Perpetradores: Menendez y Brawn

 


Patagonia Argentina - Chilena - Chilena - Argentina

Braun Menéndez: responsabilidad en la matanza Selk'nam
Sus estancias abarcaron terrenos ocupados históricamente por esta etnia, lo que produjo violentos enfrentamientos con los habitantes originarios de la zona.

Las estancias de los Braun y los Menéndez se conformaron al alero de la política de colonización ganadera. Sin embargo, las tierras habían estado ocupadas históricamente por los selk'nam, lo que ocasionó violentos enfrentamientos.

La Comisión de Verdad Histórica y Nuevo Trato se refiere a las prácticas implementadas por los estancieros:

"La Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego impulsó una práctica más agresiva en contra de los indígenas, ya que al ocupar la totalidad del territorio que le correspondía, y que era el centro del territorio selk'nam, introdujo ganado, erigió centros de trabajo y cercó los campos, restringiendo la movilidad de los pobladores originales" (2008: 495).

Los selk'nam cazaban guanacos, pero las estancias desplazaron esta especie a zonas más australes para destinar los pastos a la crianza de ovejas.

La desaparición de su presa tradicional y la ocupación de sus cotos de caza motivaron a este pueblo a matar los animales de los estancieros, a los que llamaron "guanaco blanco".

Para expulsarlos de las estancias, los ganaderos implementaron estrategias agresivas contra los Selk'nam:

"Para resguardar su propiedad la Sociedad contrató personal especializado para vigilar a los indígenas imponiendo una verdadera política de guerra (…) Este personal junto al de otras estancias sería el responsable directo, al menos, de la muerte de más de 300 indígenas" (Informe de la Comisión de Verdad Histórica, 2008: 496).

Por orden de Menéndez, el administrador de la "Primera Argentina" Alexander Mc Lenan fue unos de los principales ejecutores de estas matanzas.

Para detener las muertes, en 1894 el sacerdote José Fagnano propuso a la Sociedad Explotadora pagar por cada indígena enviado a la misión salesiana de la Isla Dawson, pero la iniciativa no logró los resultados esperados.

Muchos selk'nam se resistieron a ir a la misión porque significaba dejar sus tierras, y continuaron los castigos, persecuciones y expediciones para aniquilarlos.

Los que aceptaron trasladarse no corrieron mejor suerte, pues este grupo fue mermado por sífilis, tuberculosis y otras enfermedades que adquirieron dentro del recinto religioso.

En 1896 un grupo de selk´nam arrestado por robar ganado mató a sus guardias. Mauricio Braun usó este hecho para solicitar protección militar y reanudar las persecuciones.

Denuncias de diarios de Punta Arenas ilustraron esta acción:

"La voz pública acusa en Punta Arenas a aquellos empleados i sus jefes superiores de crueles e innecesarias vejaciones cometidas en las personas de los indios i de sus mujeres i aún de odiosos asesinatos perpetrados con refinada maldad para evitar aquellas depredaciones" (Borrero, 2001: 727).


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Tehuelches, reseña y fotos

Tehuelches, "Danzas con fotos"

Parte de la enorme historia perdida del pueblo Tehuelche.

 

El Parque Nacional Los Glaciares, frente a uno de los paisajes más imponentes de la Naturaleza, declarado patrimonio mundial por la UNESCO, ofreció a los turistas nacionales y extranjeros un  atractivo adicional. Durante veinte días, en el complejo Nativos de la Patagonia se pudo apreciar el montaje de  una muestra fotográfica   referida a la historia  de una de las comunidades indígenas de la Patagonia.

El propósito de la misma fue y es articular la cultura con el desarrollo sustentable del turismo y  vincular a través de antiguas fotografías el pasado con el presente de los pueblos originarios, rescatando la identidad  de un país con diversidad multiétnica y cultural.

La muestra fotográfica   Tehuelches, Danza con fotos  , que cuenta con los auspicios del Ministerio de Cultura de la Nación, -a través del programa Pueblos Indígenas - el Ministerio de Turismo de la Nación, la Administración General de Parques Nacionales y el apoyo de la empresa Nativos de la Patagonia, está  basada en una selección de imágenes del libro homónimo, realizado por el periodista santacruceño Osvaldo Mondelo, con asesoramiento del prestigioso investigador Abel Alexander y prólogo de la doctora Alicia Kirchner.

Como se recordará se trata de imágenes registradas entre fines del siglo 19 y principios del 20 por fotógrafos profesionales y amateurs. Se destacan los trabajos de Peter H. Adams,  Adolfo Alexander, Rafael Castro y Ordóñez, Alberto De Agostini,  Charles W Furlong, Esteban Gonnet, Frank Gooderham, Bartolomé Loudet, Julio Koslowsky, Federico Kohlmann, Charles Lane,  Meeks y Kelsey; Güerico Murgia, Nicola Opakac, Walter Roíl,  Carlos Spegazzini, Jessie Tarbox Beals,  como así también retratos de tehuelches y vistas  realizadas por fotógrafos no identificados.

Al  registro fotográfico debe agregarse la cuidadosa selección de las crónicas de los viajeros, recortes de publicaciones de la época (Caras y Caretas, El Mosquito, El Nacional, El Progreso) y el testimonio de gobernantes, misioneros, exploradores, militares, científicos, periodistas y fotógrafos que sirven de  marco referencial a los procesos históricos que sufrieron los pueblos originarios.

 

La inauguración se produjo 21 de marzo en el complejo turístico "Nativos de la Patagonia", en el Glaciar Perito Moreno.   La muestra  pudo visitarse hasta el pasado 10 de abril en forma libre y gratuita por los visitantes que ingresaron al Parque Nacional  Los Glaciares.


LA FOTOGRAFÍA DESPIERTA LA MEMORIA

Cuando en pleno siglo XXI se lee en los diarios o en las páginas  de internet que aún se sigue reprimiendo por la fuerza  a los pueblos originarios por defender la tierra, por resistir el desalojo, la tala o contaminación  de su espacio físico y espiritual -la selva, los ríos, el monte-, uno no puede de dejar de pensar que las venas de América siguen abiertas.

La historia se repite como una tragedia por intereses agropecuarios, petroleros o mineros. Así ocurrió en Tierra del Fuego y Santa Cruz a fines del siglo XIX y así continúa hoy con nuevas estrategias de usurpación en otras regiones de nuestro continente.

Al "indio" como si fuera una cosa y no una persona, se lo desplaza, se lo corre y si molesta, se lo reprime. La información sale un día con titulares en la crónica policial y luego desaparece, como desaparecieron el oro y la plata de sus antepasados  en las manos de Cortez o Pizarro. Los tehuelches no tenían piedras preciosas, pero perdieron en cien años en contacto con la civilización de la oveja y la prosperidad de los terratenientes ganaderos, el tesoro de su libertad.

Hombres, mujeres y niños tehuelches padecieron el despojo de la tierra, el alcoholismo, las enfermedades, la intolerancia religiosa, la discriminación cultural introducida por la colonización europea y criolla a la Patagonia.

Por eso siempre resulta insuficiente y necesario a la vez, generar espacios de análisis, debate y reflexión sobre el pasado y el presente.

La imagen  en todos sus soportes: dibujo, pintura, caricatura, historietas, fotografía, cine fue empleada durante mucho tiempo para denostar, ridiculizar o estigmatizar al indígena, como un representante de la incultura, el atraso y la ignorancia. Pero también es posible generar a partir de la imagen el conocimiento, respeto, conciencia por la historia, la cultura y los derechos de los pueblos originarios.

Como en el cuento de Lewis Carroll, "A través del  espejo y lo que Alicia encontró allí" la muestra fotográfica opera como un doble espejo. Observamos "al otro", pero al mismo tiempo nos vemos  a nosotros. Somos parte de una sociedad que aún mantiene vigente el discurso cultural justificador del eje civilización y barbarie. El espejo nos devuelve los prejuicios, la desmemoria y la invisibilidad que llega a nuestros días.

La muestra Tehuelches, danza con fotos  propone  resignificar el documento fotográfico y a partir de él una nueva mirada sobre "el mito pionero" en el extremo sur de la Argentina y Chile.

.Ahí están las imágenes con la mirada de los excluidos.  Muchos de sus descendientes  siguen formando parte de los sectores más humildes y marginados de nuestro país, y la mano de obra barata de Latinoamérica.

El arte, en este caso la fotografía antigua,  hace accesible lo incomprensible del hombre y pone una vez más en vigencia la máxima: ¡Una imagen cuenta más que mil palabras!

Entonces, con la potencialidad creativa de una lejana melodía, la fotografía nos despierta la memoria.

 


 

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La Patagonia Trágica

La Patagonia Trágica

Alrededor de 1500 huelguistas fueron fusilados en el marco de los sucesos de la «Patagonia Trágica»

Alrededor de 1500 huelguistas fueron fusilados en el marco de los sucesos de la «Patagonia Trágica», que comenzaron con un conflicto entre hacendados y peones por despidos de obreros rurales y por las magras condiciones laborales. El gobierno radical envió un grupo militar para resolver el conflicto y la manera como el teniente coronel Varela cumplió la misión fue la eliminación de los trabajadores en protesta. El asunto concluyó con el silencio y la negativa a investigar la verdad por parte del gobierno, para no avivar el escándalo.

 

 

Entierro de un huelguista en Río Gallegos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En algunas zonas de la Patagonia, aún es posible convocar los bramidos de los fusilamientos de rebeldes obreros en la década del 20’. Una acústica macabra, que no deja de recordar uno de los episodios que marcaron a fuego la historia del movimiento de trabajadores en Argentina. «La Patagonia Trágica»: una fábrica de cadáveres, previa degradación humana que hace difícil llamar a la muerte por su nombre. Porque las eliminaciones hechas por las tropas que respondían al gobierno radical fueron encomendadas contra peones que no tenían nada, que trabajaban en turnos de 15 horas, arriando majadas con 18º bajo cero por salarios insignificantes, que no tenían casi tiempo de ver a sus familias y que dormían apiñados en piezas diminutas. Hasta que cierto día tomaron conciencia de su humanidad, pensamiento que indignó a hacendados y autoridades locales. No tenían esas atribuciones, no podían pensar ni actuar autónomamente y, quien lo hiciera, habría de recibir el azote letal de la Ley. Así sucedió: alrededor de 1500 huelguistas fueron asesinados.

 

 

El precio de la lana había caído y eso provocó una crisis en la rentabilidad de los terratenientes

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Todo comenzó a partir de una crisis económica. El precio de la lana después de la Primera Guerra Mundial se había desbarrancado, los estancieros latifundistas ya no estaban generando ganancia y acumulaban ingentes stocks de producción que no podían colocar por falta de compradores. Naturalmente, los primeros que padecerían los efectos de la crisis serían los asalariados. Gran cantidad de despidos sumados a las humillantes condiciones de trabajo detonaron las protestas.

 

La Sociedad Obrera de Río Gallegos y la Federación Obrera (FORA), de tendencia anarquista, comenzaron a actuar con celeridad. Impulsaron una intensa campaña de sindicalización de peones. Difundieron literatura libertaria y propiciaron la organización obrera antioligárquica. Aparecieron las huelgas y con ello comenzaron las detenciones, allanamientos policiales y clausura de locales Varela, sentado en la esquina superior izquierda de la mesa, junto a integrantes de la Liga Patróticaobreros en algunas ciudades de la Patagonia. Entraron en escena los parapoliciales escuadrones “blancos” de la Liga Patriótica que, al margen de la ley pero sin un límite de hecho, perseguían a huelguistas y colaboraban con comerciantes y terratenientes de la zona. Mientras tanto, las negociaciones entre trabajadores y hacendados fracasaban porque los últimos se negaban a aceptar el petitorio con exigencias módicas que presentaron los huelguistas para reanudar su actividad. Se reclamaba un sueldo mínimo de 100 pesos, comida en buen estado, dignas condiciones de higiene, velas para alumbrar en la noche y que las instrucciones de los botiquines sanitarios estuvieran en español en lugar de inglés.

Héctor Benigno Varela

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Enterado de la crisis y presionado por Gran Bretaña, que estaba preocupada por las difíciles circunstancias de los compatriotas hacendados en Patagonia, el presidente radical Hipólito Yrigoyen envió en enero de 1921 a Santa Cruz a tropas del ejército al mando del teniente coronel Héctor Benigno Varela con la orden de normalizar la situación.

Los sindicalistas esperaban a los militares de la nación con gran optimismo porque confiaban en que se pondrían de su lado. El tiempo les demostraría lo equivocados que estaban.

Inicialmente se impuso la vía del diálogo y, con la mediación del gobernador Izza, se llegó a un acuerdo por el cual los terratenientes se comprometían a cumplir con las exigencias de los peones.

Antonio Soto

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Varela y sus hombres volvieron a Buenos Aires, pero el quebrantamiento del convenio meses más tarde por parte de los hacendados hizo que el conflicto estallara con mayor virulencia. Se decretó paro general y se ocuparon haciendas. La organización obrera se fortaleció y se proveyó de armas para la autodefensa. Los principales líderes del movimiento libertario eran el español Antonio Soto y el entrerriano José Font, conocido como el noble gaucho «Facón Grande».

En vistas de este panorama de beligerancia, en octubre de 1921 volvieron las tropas de Varela, esta vez con el objetivo preciso de acabar con las huelgas y revueltas como sea.

Tomando como excusa un episodio confuso de enfrentamiento con balas entre un estanciero y vándalos comunes que nada tenían que ver con la protesta, Varela interpretó que se trataba de un caso de insurrección armada y, amparándose en el Código Militar, declaró la ley Marcial. Así se dispararía una escalada cruenta de violencia y represión que liquidaría las huelgas al compás de fusilamientos masivos de anarquistas y peones rurales. Una de las situaciones más sangrientas se vivió en la Estancia La Anita, donde centenares de obreros cayeron abatidos frente a pelotones de fusilamiento. También se produjo un episodio trágico en los campos del establecimiento ganadero Bella Vista. Los cadáveres de los 200 peones que resultaron asesinados allí fueron trasladados a una fosa común en lo que hoy se conoce como el Cañadón de los Muertos, cerca de la localidad de Gobernador Gregores. Entre las 1500 víctimas que aproximadamente dejó el accionar militar en el sur argentino, se encontraban Hugo Soto y Facón Grande.

Parte de las tropas de Varela que ejecutaron a cientos de obreros en la Estancia La Anita

 

 

 

 

 

 

 

 

Las huelgas y fusilamientos concluyeron, pero las pasiones que dejó atrás el genocidio no quedarían a la deriva. Kurt Gustav Wilckens, un anarquista alemán que había sufrido el fusilamiento de su hermano, iniciaría la cadena de venganzas, un año después de la masacre. Llegó a Buenos Aires para matar a Varela. Lo siguió cerca de su Reconstrucción judicial del asesinato de Varela en el lugar del crimencasa en el barrio de Palermo, le arrojo u
na bomba y luego lo liquidó con algunos balazos. Un centinela mató a Wilckens al encoñanarlo por la mirilla del calabozo donde la víctima cumplía arresto. Finalmente, la secuencia de revanchas llegó a su fin con el homicidio del centinela por parte de un antiguo huelguista patagónico.

No se sabe si Hipólito Yrigoyen tuvo una participación directa en los episodios de la «Patagonia Trágica». Las teorías son de lo más diversas. Pero lo que no puede ser pasado por alto es que, pese a los reclamos de la oposición, la bancada radical -mayoritaria en el Congreso Nacional-, no permitió la intervención de una Comisión Investigadora para estudiar los acontecimientos. Decidieron que la verdad no saldría a la superficie, en parte porque no querían más tensiones con el Reino Unido, país con el que Argentina sostenía mayores relaciones económicas en la época (las estancias, en su mayoría, eran propiedad de ingleses). Asimismo, porque consideraron que no valía la pena caldear más el ambiente cuando se trataba en definitiva –calculaban- de víctimas insignificantes en los confines del desierto patagónico. De tal suerte, el gobierno radical tuvo gran responsabilidad no sólo en la ejecución, sino además en el silenciamiento del genocidio. La historia lo debe recordar de esa manera.

 

Periódico obrero informando acerca del homicidio de Wilckens