Oro blanco

Los primeros hombres que poblaron con hacienda ovina la provincia de Santa Cruz provenían, casi en su totalidad de las islas Malvinas, donde habían adquirido experiencia en la cría de ésta, en regiones cuyas condiciones climatológicas y agrícolas se asemejan mucho a las de este territorio.

Para el año 1879 el Ministerio del Interior señalaba que no resultaba posible mandar familias a este punto tan lejano y aislado sin antes reunir los elementos indispensables para la vida y el trabajo. Hubo intentos frustrados de traer ganado por vía marítima, pero las condiciones de transporte aún no estaban dadas.

En otro intento por poblar los campos de animales y encontrar un modo idóneo de llevar los ganados, el gobierno encargó a Carlos María Moyano que realizace un viaje de carácter exploratorio con el fin de hallar un camino para transportarlos vía terrestre.

Su itinerario propuesto no fue considerado conveniente y se optó por la solución de adquirir lanares en las islas Malvinas. Así, en el año 1895, Moyano visitó el archipiélago para adquirir 2.000 cabezas de ovinos, ofreciendo como pago tierras en campos santacruceños.

Esta iniciativa fue exitosa y comenzaron a arribar colonos procedentes de Malvinas, trayendo consigo algunas cabezas.

El desconocimiento de la tierra enajenada, la falta de cumplimiento de las obligaciones tanto de las empresas de colonización como de los particulares, la concentración de la propiedad y la especulación llevaron a la suspensión de la entrega de lotes en 1900 y a la revisión y ordenamiento del régimen legal.

La nueva ley 4.167 denominada Ley General de Tierras fue promulgada en el año 1903 y las modificaciones más relevantes que incorporó fueron las siguientes:

Se pone mayor énfasis en la exploración previa, en las reservas de las áreas apropiadas para el trazado de pueblos y colonias y en la subdivisión adecuada a las condiciones del terreno y el destino otorgado.
Se elimina la colonización a través de las empresas y se crean colonias estatales. En el caso de Santa Cruz, de carácter pastoril, se hace entrega de un lote de 2.500 hectáreas por persona y a los primeros pobladores gratuitamente.
Se aumentan las exigencias e inversiones en animales y poblaciones.
Se destinan a la venta en remate público lotes de 2.500 hectáreas de buena calidad agronómica y cercanos a vías de comunicación.
Los terrenos restantes se arrendarían, con derecho a adquirir en propiedad el 50 % a la finalización del contrato, reduciendo a 20.000 hectáreas la superficie máxima.
Entre 1900 y 1914 el 91 % de los casos de acceso a la propiedad a la tierra fue por arrendamiento, el 7 % por ocupación y el 2 % por propiedad. En esos años se forman los establecimientos pequeños, de menos de 10.000 hectáreas, característicos de la zona norte de Santa Cruz.
Ernesto Romberg, en los primeros días del siglo XX trae un arreo de hacienda ovina desde Choiquerilahue, para poblar la zona de bahía Lángara, acompañándolo en la tarea Francisco Rodrigo Melero.

Este sería el primer arreo conocido que se realizara en la zona de Caleta Olivia. Muchos fueron los pobladores que posteriormente introdujeron lanares a esta región de la misma manera y con gran esfuerzo se dedicaron al mejoramiento de razas.

La presencia de establecimientos rurales y sus necesidades generan el surgimiento de centros urbanos donde comenzarán a funcionar algunos organismos estatales junto a aquellas organizaciones necesarias para el acopio de materiales y salida de mercaderías y productos.

La lana de Santa Cruz se vendía principalmente en dos mercados: Buenos Aires y Londres, y además en los puertos del territorio donde las casas exportadoras poseían sus sucursales. Las carnes se vendían en los frigoríficos de la región.

Paralela a esta incipiente actividad de transporte de lanas al puerto se establecieron algunos transportes de materiales y negocios para el abastecimiento de los primeros pobladores ganaderos.

Habiéndose establecido Caleta Olivia como puerto alternativo para realizar las operaciones de los ganaderos, a los pobladores les interesó montar la infraestructura y fue así que por un período de 15 años se convirtió en el lugar mejor equipado para embarcar la lana de los campos situados en la región.

Prueba de esto fue el establecimiento en el puerto de varias empresas para comprar la producción, dando de este modo auge comercial al lugar.

En la segunda década del siglo XX las localidades de Puerto Deseado y Comodoro Rivadavia merecieron la atención especial del fomento patagónico, ya que ambas en 1915 se constituyeron en cabeceras de los ramales ferroviarios patagónicos que llegaban a la costa desde Las Heras y Sarmiento, por los que se despachaba la producción.

La preponderancia de Puerto Deseado y del puerto de Comodoro Rivadavia relegó al fondeadero de Caleta Olivia a la sola actividad de embarque de lana en verano.

Al disminuir la importancia de Caleta Olivia como puerto alternativo, las empresas levantaron sus establecimientos. Este pequeño poblado tuvo una mínima significación por muchos años.

La línea del ferrocarril le restó toda importancia y vitalidad, convirtiéndolo en un paraje aislado y a contramano.

El censo poblacional realizado en el año 1912, arrojaba la cifra de 82 habitantes y el censo territorial de 1920 una cantidad de 130 habitantes, cifras que representan la paralización que sufrió el pueblo como consecuencia del ferrocarril.

Fue por el decreto del 11 de julio de 1921 que el entonces presidente de la Nación, don Hipólito Yrigoyen, dispuso que la Dirección de Tierras del Ministerio de Agricultura previera reservas para futuras formaciones de pueblos y colonias en las diferentes regiones de nuestro país.

A Caleta Olivia, que figuraba como población estable, se le asignaron 600 hectáreas y en una operación de rutina con motivo de amojonar los lotes pastoriles arrendados a los colonos Demetrio Martínez y Juan Madroñal, el agrimensor Florencio Puchulú en los años 1924 y 1925 delimitó la reserva de tierras para el posible pueblo, no realizándose ningún otro acto para crearlo en base al caserío existente.

De esta manera, el aniversario fundacional de Caleta Olivia es celebrado por un largo tiempo en esta fecha.

En el año 1971, bajo la intendencia del escribano don Guillermo Palacios, se realizaron investigaciones que permitieron encontrar vestigios, de los inicios de nuestro pueblo en un telegrama supuestamente emitido desde nuestra ciudad, inaugurando el telégrafo un 20 de noviembre de 1901.

Desde ese año se cambió la fecha de conmemoración del aniversario del pueblo de un 11 de julio al 20 de noviembre.

Sin embargo, cabe destacar que el acto considerado como la primera manifestación administrativa pública, tomándose por válido como fecha de fundación es la autorización otorgada por el Ministerio del Interior a la Dirección General de Correos y Telégrafos para librar al servicio público la Oficina Telegráfica denominada “Caleté Olivié” de fecha 20 de noviembre de 1901.

Esta fecha ha sido refrendada por el decreto provincial 209 de fecha 13 de febrero de 1975, donde se establece como feriado fundacional.

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