Caleta Olivia Historia

UNA HISTORIA CON NOMBRE DE MUJER

historia de Caleta Olivia Escudo de nuestra ciudad

La historia de Caleta Olivia es un espacio en el tempo que no termina de escribirse y del que sólo se reconocen dos etapas: la lanera o del “Oro Blanco”nco” y la petrolera o del “Oro Negro”.

Al cumplir 95 años de su fundación, la historia de la ciudad cuantificable en datos, hechos, anécdotas y personajes, está ligada a la vida del trabajador petrolero, la organización institucional del pueblo y su crecimiento demográfico entre 1955 y 1965. Como dato de esto se puede señalar que el Censo Nacional de 1947 indicaba que Caleta Olivia tenía una población estable de 161 personas, 44 años después el mismo registro marcó una población a un número aproximado a las 34.500 personas. En este contexto de cambio y migraciones, la historia de la ciudad del fin del “boom petrolero” y del centenario es la que a diario los caletenses están viviendo y sin saberlo, escribiendo. Esta nueva etapa está caracterizada por la incertidumbre del futuro y la melancolía del pasado. Entre esos dos sentimientos se mueve el péndulo del cambio y la convicción de sus hijos que hicieron de su lugar de nacimiento el destino de su vida, continuando la memoria de padres y abuelos que llegaron para forjar un futuro extrayendo la riqueza del subsuelo del país.

Separadas al nacer

Al remontar la historia de casi 100 años, es imposible no llegar hasta su hermana vecina, Comodoro Rivadavia y ver en el nacimiento de estas dos ciudades la hermandad de sus destinos y las huellas de una separación proyectada sin una visión de región.

Cuando finalizaba el Siglo XIX, bajo el estímulo de las leyes especiales del Gobierno Nacional, comenzó el interés por la Región Austral, que sería con el correr de los años y por el trabajo de verdaderos pioneros, una de                                                                                                           las zonas más ricas del país: La Patagonia.

A lo largo de la Patagonia los lugares de radicación de grupos humanos coincidían con postas y lugares de almacenamiento de materiales que eran usados por los colonos ganaderos para cubrir sus necesidades. Por esos días, los estancieros instalados en el norte de Santa Cruz y sur del Chubut se preocupaban por contar con parajes que les sirvieran como lugar de embarque para despachar su producción lanera, a la vez de aprovisionarse de comestibles y enseres provenientes de Buenos Aires y también del exterior. Hasta ese momento los lugares conocidos como más aptos para fondear barcos eran la ría de Puerto Deseado en Santa Cruz y Bahía Camarones en el territorio del Chubut, situados ambos en los extremos del Golfo San Jorge, pero demasiado lejos de las colonias agropecuarias de que se iban formando en la zona del Lago Musters, Colhue Huapi (Chubut) y Lago Buenos Aires (Santa Cruz). En 1989, la idea de tener un puerto en la costa más cercana se convirtió en una obsesión para los colonos, en especial para los de Colonia Sarmiento. Su líder, Francisco Pietrobelli, organizó una expedición con dos carros y llegó a la costa de Rada Tilly, el 11 de marzo de 1899. Un año después, Francisco Pietrobelli levantó un galpón un poco más al norte, que se transformó el primer antecedente de lo que sería pujante Comodoro Rivadavia, cuyo trazado se ordenó el 23 de febrero de 1901, cumpliendo con un pedido que los estancieros del Territorio Nacional habían hecho al Ministerio de Agricultura                                                                                                           en los primeros días de este mismo año. De esta forma surgen Rada Tilly y Comodoro Rivadavia como posibles puertos de alternativa. Nueve meses después, el 20 de noviembre el capitán Ezequiel Guttero desembarcó con su tripulación y los postes del telégrafo en la Caleta                                                                                                           ubicada a 80 Kilómetros al sur de Comodoro Rivadavia, que por amor bautizó con el nombre de su esposa: Olivia.

Puntal                                                                                                           de la Historia

En la primera década del Siglo XX el Gobierno Nacional se dedicó de lleno a proyectar e iniciar trabajos de infraestructura básica de comunicaciones ferroviarias, marítimas y telegráficas en la Patagonia. Por esta razón en esos años comenzó el tendido de la línea telegráfica que uniría Buenos Aires con el extremo sur de Santa Cruz, el Cabo Vírgenes. Esta política contribuyó a la radicación en la Patagonia de aldeas debido a la necesidad                                                                                                           de contar con desembarcaderos de materiales propios para la obra, como así también abastecimiento para el personal. La distancia que debían tener entre sí cada punto era del orden de los 80 y 100 kilómetros.

En cumplimiento de este programa de trabajo que se destacó por ser el primer hecho de comunicación en el entonces extenso territorio nacional despoblado, en noviembre de 1901 el transporte de la marina “Guardia Nacional” efectuó el primer desembarco de postes, cables y accesorios junto con un centenar de obreros, para que se prosiguiera con la línea del telégrafo de Comodoro Rivadavia al sur.

El teniente de navío Guttero, capitán del buque, descubrió en la costa del Golfo San Jorge una caleta que llamó Olivia, en homenaje a su esposa, única dama de la tripulación en viaje. En este punto, el historiador Hilaron Lenzi                                                                                                           asegura que Olivia era sólo la mujer de la que estaba enamorado y que su verdadero nombre era Oliva, pero en su italiano castellanizado le agregó una “i” al nombre de su amada.

Avanzando con la obra del tendido de la línea telegráfica, el ingeniero Olivera, al retirar el cargamento en Caleta Olivia, que le dejó el buque Guardia Nacional, premió la corazonada del capitán Guttero y estableció allí su oficina. Junto a la casilla de Correo y Telégrafo se levantaron las barracas para al contingente de recién arribados.

Se formó el primer caserío. Después  Caleta Olivia fue visitada cada año para cargar la lana del estanciero Ernesto Romberg, uno de los primeros hacendados que se estableció en sus alrededores. Más tarde el vapor “Amadeo”, primer buque de la flota de Alejandro Menéndez Behety, reconoció esta caleta para cerciorarse de poder descargar un embarque del establecimiento “La Nueva Oriental”. El poco calado de su barco permitió vararlo en la caleta para hacer sus operaciones de carga y descarga. Así fue como poco a poco el caserío adquirió forma de aldea.

 El camino de la lana

A principios de 1906 debido a la gran distancia que separaba a Puerto Deseado de sus establecimientos, con el problema lógico que significaba transportar los cargamentos para ser embarcados, pobladores argentinos como Ernesto Aguirre, Antonio Moresca y Alejandro Cavanne se unieron para construir un camino hasta Caleta Olivia. El lugar elegido no era caprichoso, allí había un puerto habilitado y estaba mucho más cerca de sus establecimientos agropecuarios. Los registros históricos aseguran que para esta travesía unieron sus tropas de carro, formando una caravana de 27 vehículos; no sin dificultades, tras largos meses de ruda labor, trazaron el camino que los unió al deseado puerto.

A lo largo de la ruta construyeron pozos y corrales practicando una picada de más de 60 kilómetros entre matas y espinas. Esta picada tuvo un ancho de tres metros, que trazada en línea recta avanzando por ella nuevos pobladores para fundar otras estancias, consideradas inexplotadas hasta que las midieron los ingenieros Pietraner,

Álvarez y Llanos. Como se dijo, el tendido de la línea telegráfica de Buenos Aires a Cabo Vírgenes constituyó un factor preponderante en lo que se considera la fundación de la actual ciudad.

Paralela a esta incipiente actividad de transporte de lanas al puerto se establecieron algunos transportes de materiales y negocios para el abastecimiento de los primeros pobladores ganaderos ya que la zona empezaba a ser poblada por hacienda. Se supone que los primeros lanares fueron introducidos por pobladores que se establecían en la zona por la cercanía a Comodoro Rivadavia.

Pasado el movimiento originado por el tendido de la línea telegráfica y el lógico alejamiento de hombres y equipos hacia el sur de la provincia quedaron en la aldea las casas construidas, siendo utilizadas luego por otros que llegaban a la zona. Las primeras viviendas fueron hechas de cinc y madera.

Habiéndose establecido Caleta Olivia como puerto alternativo ara realizar las operaciones de los ganaderos, a los pobladores les interesó montar la infraestructura y fue así que por un período de 15 años se convirtió en el lugar mejor equipado para embarcar la lana de los campos situados en la región. Prueba de esto fue el establecimiento en el puerto de varias empresas para comprar la producción, dando de este modo auge comercial al lugar.

Entre las empresas que se asentaron en el puerto de la aldea Caleta Olivia se cuentan: Sociedad Anónima Exportadora e Importadora de la Patagonia; Compañía Argentina del Sud; Lahusen; La Mercantil, esta última era un almacén de ramos generales que hacía de intermediario entre los pobladores y los buques que cargaban lana y descargaban mercaderías necesaria para el abastecimiento de la población, funcionó hasta 1928 fecha en que fue incendiada intencionalmente.

 Motor de la Economía

En la segunda década del siglo XX las localidades de Puerto Deseado y Comodoro Rivadavia merecieron la atención especial del fomento patagónico ya que ambas en 1915 se constituían en cabeceras de los ramales ferroviarios patagónicos que llegaban a la costa desde Las Heras y Sarmiento                                                                                                           por los que se despachaba la producción. Otros estancieros continuaron enviando su lana en carros por la huella llana de la meseta, que descendía en suaves pendientes por el Cañadón Esther hasta el caserío de Caleta                                                                                                           Olivia y por la huella de Pampa del Castillo a Comodoro Rivadavia.

Entre estas dos localidades había otro camino muy difícil de transitar tanto en invierno como en verano y era un tramo que se tardaba dos días en recorrer. El punto de parada intermedio estaba a 35 kilómetros al norte de Caleta Olivia, era “la lobería” (allí en la década del 30 se faenaban lobos marinos y ballenas para utilizar el aceite

En los textos que recogen el relato de pobladores, se asegura que antes de la llegada dela empresa cazadora de la fauna marina, sobre la playa se veían grandes colonias de lobos marinos y ballenas que llegaban hasta estas costas para aparearse. La acción del hombre hizo que desaparecieran del lugar.

 UNA ALDEA CON DINAMICA PROPIA

La preponderancia del puerto de Comodoro Rivadavia relegó al fondeadero de Caleta Olivia, a la sola actividad de embarque de lana en                                                                                                           verano. Al disminuir la importancia de Caleta Olivia como puerto alternativo las empresas levantaron sus establecimientos. Cabe mencionar que la exploración ganadera en la zona llegó a tener gran relieve, tanto es así que en Caleta Olivia se ensayó por primera vez la producción peletera aclimatándose ovinos Karakul, además de instalarse criaderos de zorros. Durante mucho tiempo no hubo interés por parte del gobierno nacional de reconocer como pueblo a este paraje que funcionaba con su propia dinámica. Fue por decreto del 11 de Julio de 1921, el presidente de la Nación Hipólito Irigoyen dispuso que la Dirección de Tierras del Ministerio de Agricultura previera reservas para futuras formaciones de pueblos en los territorios nacionales. A Caleta Olivia, como figuraba como población estable, se le asignaron 600 hectáreas y en una operación de rutina con motivo de amojonar los lotes pastoriles arrendados a los colonos Demetrio Martinez y Juan Madroñal, el agrimensor Florencio Puchulu en los años 1924 y 1925 delimitó la reserva de tierras para el posible pueblo, no realizándose ningún otro acto para crearlo en base al caserío existente.

En los primeros tiempos la vida en esta localidad fue extremadamente rígida; la recolección de agua y leña elementos vitales para vivir, llevaban a sus pobladores la actividad de gran parte del día. El agua se debía buscar en los manantiales que estaban a cinco kilómetros del caserío, el traslado se realizaba en barriles                                                                                                           tanques que se cargaban en carros y camiones. Uno de os encargados de esto era Saturnino López, que acarreaba agua en un Chevrolet 29 y con ese vehículo                                                                                                           la repartía entre los trabajadores. Otra forma de proveerse era juntar el agua de lluvia en barriles, pero para este sistema                                                                                                           la característica climatológica del lugar no ayudaba demasiado.

La iluminación era con lámparas de kerosene y velas. El acontecimiento de esos días era la llegada de los barcos dos veces al año, que le daban a la gente la posibilidad de ver algo distinto en la monótona vida de los pobladores.

 LA RUTINA PORTUARIA

Caleta Olivia era un puerto natural que carecía de instalaciones adecuadas para el desembarco, la tarea se facilitaba por las condiciones naturales de su accidente costero. Las escalas de los buques no eran fijas, especialmente la de la flota mercante del Estado y la empresa Enosis. Al no contar con muelle ni atracadero los barcos debían anclar permaneciendo muy distantes de la costa. Los obreros depositaban los fardos de lana en una “zorrita”                                                                                                           y así llegaban hasta la lancha que tiraba un remolcador, poniendo en ella la carga por medio de unos tambores y de allí al buque por medio de grúas. Cuentan los antiguos pobladores que cuando atracaban los buques, con lanchas traían la mercadería hasta la costa, la bajaban con planchadas y las apilaban; luego las subían hasta la playa en una zorra tirada por caballos, para embarcar la lana era el mismo procedimiento. Todo el despliegue que representaba la comercialización de la lana daba                                                                                                           a la playa gran colorido. En cuanto a la vida comunitaria de aquellos tiempos, las fiestas patrias concentraban la atención de las reuniones sociales y era la ocasión para que los pobladores luciesen sus mejores atuendos. En estas fiestas se reunían los pobladores estables y los que vivían en las estancias aledañas. La ciudad carecía de mástil para izar la bandera, entonces mientras uno de los pobladores leía el discurso los demás sostenían la                                                                                                           Bandera Nacional con sus manos.

Las mujeres de esa época se reunían en determinadas casas del vecindario donde realizaban trabajos manuales: tejido, costura, bordado. Para los hombres un entretenimiento eran los partidos de fútbol y la caza deliberes                                                                                                           y martinetas, pero un motivo importante de reunión era la llegada de un                                                                                                           viajero que traía noticias de otro lado, por lo que eran recibidos con gran hospitalidad.

 

 

 

 

Información suministrada gentilmente por la secretaria de turismo de M.C.O.   

 

 

 

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